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16 julio 2021
Autor: Javier del Álamo Gómez
Duración aproximada de lectura: 5 min

pacientes establesEl trabajo de enfermería es humano ante todo. Una enfermera debe pensar en el paciente primero, pero no solo en la medicación que hay que administrarle, en curar sus heridas o en monitorizar sus constantes, sino también en cómo se siente el paciente y escucharlo, porque en muchas ocasiones los profesionales sanitarios somos el único hombro en el que se pueden apoyar, sobre todo en la época actual, ya que las limitaciones que tenemos dificultan el que puedan ver a sus familias y tener contacto físico con ellas. No es lo mismo hablar por videollamada que en persona, abrazarse y darse besos. Claro que actualmente el contacto físico está muy limitado, pero lo que sí podemos hacer es escuchar a los pacientes y acompañarlos en esos momentos en los que se sienten solos.

En la planta en la que estoy practicando tenemos pacientes que vienen de distintos hospitales, con distintas patologías; algunas de ellas no se pueden curar y desembocan en la inminente muerte del paciente. Algunos de estos pacientes llegan con la esperanza de volver a trabajar, que les den el alta pronto y de vivir muchos años, cuando solo les han dado como máximo un año de vida o unos meses. Otros nos hablan del dolor que sienten; lloran y podemos notar en ellos un bajo estado de ánimo.

Pero todos ellos quieren que los escuchen,los comprendan, hablen con ellos y sentir contacto humano. Debido a la gran cantidad de pacientes a los que tiene que atender una enfermera y las tareas que tiene que completar a lo largo del día, este factor humano que se descuida, llegando, en algunos casos, a ser inexistente y resumirse en un saludo, informar al paciente de los que le vamos a hacer y una vez hecho salir de la habitación.

Esto no solo es duro para los pacientes que sienten soledad, sino también para las enfermeras, ya que también son humanas y por H o por B acaban cogiendo cariño a algunos pacientes. También es difícil para nosotros no poder acompañar a los pacientes el tiempo que deseamos y brindarles apoyo en sus últimos momentos, cuando lo necesitan, y es complicado escuchar de un paciente con el que hablamos el día anterior y le cogimos cariño que ha agonizado y, de un día para otro, ha muerto, o que un día hablemos con un paciente, nos responda bien y se exprese adecuadamente, y que al día siguiente deje de respondernos.

Ayer vi por primera vez a un paciente que había fallecido. Junto a mi compañera le cerré los ojos, la boca, le quitamos la sonda vesical, el acceso subcutáneo, acceso intravenoso y las gafas nasales. Luego pasamos a completar el parte de defunciones. No lo conocía y no tuve la oportunidad de hablar con él porque cuando ingresó a la planta no podía hablar, y si hablaba decía cosas incoherentes más propias de un delirio. No sentí nada cuando murió, solo pena por sus familiares que se presentaron más tarde.

En esta misma línea, tenemos las limitaciones con las que vivimos actualmente, que nos impiden dar un abrazo cuando algunos familiares lo necesitan y solo nos permiten escuchar y dar apoyo verbal a los miembros de la familia del fallecido, cosa que también se ve acortada por el gran número de pacientes de los que tenemos que ocuparnos a diario y que impiden que estemos todo el tiempo que necesitan los familiares.

Por otra parte tenemos a pacientes psiquiátricos, algunos con demencia, otros con alucinaciones visuales en los que hay que emplear más tiempo para realizar las actividades programadas, como puede ser monitorizar sus constantes, ya que algunos pacientes pegan sus brazos a su cuerpo y cuando intentas retirarles el brazo hacen fuerza, dificultando poner el manguito de la tensión o cuando les quieres poner el saturómetro tiran del cable del mismo con fuerza. Ocurre también cuando les quieres poner una vía o hacer un ECG, para lo que necesitas ayuda de alguien más para sujetar al paciente, ya que muchos se mueven mucho y tienen mucha fuerza.

Además, tenemos pacientes pluripatológicos que vienen como paliativos y pacientes de convalecencia que necesitan atención individualizada con una valoración enfermera global y unos cuidados específicos para lograr su recuperación o para reducir, todo lo posible, el dolor que sienten en sus últimos momentos. En ocasiones nos encontramos con que una enfermera se tiene que encargar de una planta entera de estos pacientes ya mencionados, intentando en la medida de lo posible no descuidar el trato, los cuidados que le brindamos y atender sus necesidades. Pero no se puede dividir, aquí entra otra figura importante en la planta: los TCAE, que nos informan de los pacientes que todavía no hemos visto, nos ayudan a hacer labores como movilizar a los pacientes para curar sus  heridas o hacer cambios posturales y nos avisan en las urgencias. De todos modos aunque tengamos este gran equipo de profesionales como apoyo, si tenemos a varios pacientes con problemas serios es más sencillo que surjan varias urgencias a la vez, y si no tenemos suficientes profesionales para pedir ayuda y atenderles podemos llegar a la habitación de un paciente y que sea demasiado tarde.

En este misma línea podemos ver cosas como que a los pacientes que sienten dolor no se les administre la medicación que precisan en cuanto lo sienten, sino cuando la enfermera esta libre para administrárselo, que un suero de perfusión continua que se ha terminado tarde en cambiarse o que algunas glucemias que tenían que ser preCo, terminen siendo postCo. Claro que esto no ocurre todos los días, solo algunos, en los que hay muchos pacientes que atender y la mayoría de ellos está inestable.

Estos problemas se podrían solucionar con la contratación de más personal sanitario y organizar la planilla de forma que en los turnos de mañana se tengan siempre dos enfermeras, o incluso tres, ya que es el turno donde más tareas hay que hacer; y en los turnos de tarde y noche un mínimo de dos, lo que permitiría disminuir la carga de trabajo y emplear más tiempo por cada paciente, mejorando significativamente la atención individualizada que le préstamos y evitando retrasos en la administración de medicación, sueroterapia, curas, glucemias, etc.

También habría más tiempo para enseñar a los alumnos en prácticas y, una vez han aprendido, permitiría conseguir una mayor reducción de carga de trabajo, saliendo beneficiados los profesionales sanitarios, por lo ya mencionado, los pacientes, porque mejoraría su atención individualizada, y los alumnos en prácticas, porque tendrían más tiempo para aprender de las enfermeras, practicar y preguntar dudas.

En resumen, los pacientes paliativos necesitan compañía en sus últimos momentos y que los escuchen y hablen con ellos, al igual que el resto de pacientes de la unidad, y una atención individualizada de la enfermera. Pero hay días en que la carga de trabajo produce como resultado el descuido de estas necesidades, por lo que para solucionar esto podemos aumentar el número de profesionales sanitarios en la planta, beneficiando con ello a los pacientes, enfermeras y alumnos en prácticas.

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