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28 julio 2021
Autor: Cristina Quiles Cano
Duración aproximada de lectura: 4 min

Covid19Fue lo primero que vi al entrar allí, un cristal que nos separaba de esas personas que estaban luchando contra un virus que ha cambiado la vida de un planeta entero.

Era mi primer día como estudiante de prácticas de Enfermería en la UCI. No nos dejan estar en contacto con pacientes COVID, así que se me asignó la UCI limpia. Lo que yo no sabía era que, durante esos dos meses que iba a estar ahí aprendiendo, iba a ver a través de un cristal a pacientes que, por unos motivos u otros, han cogido este bicho del que tanto queremos huir todos. Pero no solo eso, también enfermeras, TCAE, médicos y resto de personal que día a día están en primera línea combatiendo, sin miedos, o quizás sí, quizás con muchos miedos que los que no lo vivimos no podemos casi ni imaginarnos; pero aun con esos miedos, deciden cada día decir que sí. Dicen que sí a salvar a personas aun sabiendo que, con un mínimo error, pueden llevárselo a casa.

Los días pasaban tranquilos, desde la zona limpia todo se ve así, supongo. Cada día miraba a esa salita “extra” que habían habilitado para poder ingresar a más pacientes COVID con necesidad de cuidados intensivos. Pero esa mirada cambia cuando alguien muy cercano entra en esa situación. Y así fue. Una familiar, que también decidió decir sí a esta lucha, que decidió cuidar a pacientes con COVID, cayó. Iban llegando noticias, a veces buenas, otras no tanto. Primero en planta, luego a la UCI, después intubada, en decúbito prono, neumotórax, infecciones, trombos, y un largo etcétera de complicaciones que, según dicen, son normales en pacientes COVID graves. Pero todo se ve diferente. Cuando sabes que alguien cercano está así, ya no te sale mirar igual a esa salita. Tienes la esperanza de que todo va a salir bien, que, si esos pacientes a los que ves a diario tienen posibilidades, ella también las tendrá. Está en buenas manos, igual que todos ellos. Les cuidan profesionales que son felices haciendo lo que hacen.

Pero había cambiado, ya no era igual ver a un paciente intubado, aspirarle secreciones o incluso ponerle medicación. Todos los días pensaba en ella, en cómo se lo estarían haciendo a ella. “¿La dirán cada cosa que la van a hacer, aunque esté sedada? ¿La asearán con todo el cuidado y respeto que se merece?”. Y la respuesta a todo seguramente era sí, siempre sí. Pero siempre te queda la duda, siempre se quiere lo mejor para los que queremos.

Unas semanas después, las cosas mejoraron en el hospital con respecto a ingresos COVID en unidad de cuidados intensivos, así que se pudo vaciar esa salita a la que habían apodado como “zulo” o “COVID-cueva”. Para mí esto fue de gran alivio, ya no solo porque significaba el hospital no estaba tan saturado, sino también por mí, porque no era nada agradable ver esa habitación a través del cristal. Aunque tengo que decir que te acabas acostumbrando. Según pasan los días dejas de pensar que un familiar tuyo está en la misma situación. Simplemente confías en que todo va a ir bien, aunque sea poco a poco. Ves pacientes evolucionando. Poco a poco se les quita el respirador y van consiguiendo respirar por sí mismos. Pacientes con traqueotomía, que han conseguido salir de la UCI COVID para pasar a nuestra UCI limpia.

Recuerdo una señora en concreto. Ni siquiera tuvo coronavirus, pero sus problemas venían también de tema respiratorio. Ingresó tras una cirugía que se complicó y acabó intubada en nuestra unidad de cuidados intensivos. Estuvo mucho tiempo así hasta que optaron por hacerle una traqueostomía. A partir de ahí parecía que poco a poco iba mejorando, se le podía ir quitando el respirador por momentos cortos para que sus pulmones empezaran a funcionar. Fue impresionante su cambio, sobre todo cómo cambió su cara y su actitud el primer día que la sentamos en el sillón. Cómo sonreía. Agradecía cada mínima cosa que hacíamos, cualquier cura o administrarla cualquier medicación.

Al mismo tiempo, mi familiar también iba poco a poco mejorando, también con una traqueotomía hecha, despacio. Yo llevaba semanas con actitud fría en las prácticas, pensaba que así no me afectaría tanto lo que realmente tenía en mi familia. Pero cambió cuando conseguí verla por videollamada. Por suerte está rodeada de sanitarios que dan el 100% con cada uno de sus pacientes, y más con ella, que es de la casa. La vi, se emocionó y mi actitud cambió. Me acordaba de una paciente que tuvimos en nuestra UCI (que venía de la UCI COVID), de cuando hacía videollamada con su marido y sus hijos, las sonrisas que le salían, aunque no pudiera ni hablar.

Y es que a veces se nos olvida lo que estamos viviendo en todo el planeta. Se nos olvida que hay mucha gente sola en los hospitales, que no pueden recibir visitas por la situación; se nos olvida que hay gente muriendo sola, que su última mirada es hacia el personal sanitario y no hacia su familia.

No sabemos cuándo va a acabar la pandemia, pero lo que está claro es que la mayor parte de esto depende de cada uno de nosotros. No se nos pide no vivir, se nos pide vivir con prudencia. Y si no lo hacemos por nosotros mismos, hagámoslo por todas esas personas que no pudieron ganarle la batalla a este bicho y por todo el personal sanitario, que sigue sin tirar la toalla. Y a todas las personas que aún niegan la existencia de este virus quizás les vendría bien una visita a los hospitales, a las plantas y a las unidades de cuidados intensivos. Porque cuando lo tienes delante, todo se ve con otros ojos. Y a mí no se me va a olvidar en la vida aquel primer día que entré a la UCI limpia a empezar mi segundo rotatorio de prácticas de Enfermería. El cristal que nos separaba de esos pacientes y sanitarios que estaban librando la batalla. Y sí, se vació, se pudo vaciar esa salita de reuniones en la que cabían cuatro pacientes COVID. Pero ¿cuándo volverá a hacer falta? No lo sabemos. Y no importa la edad, no solo pierden la vida los más mayores. Gente de 40 o 50 años no ha podido con esto. Ojalá se acabe pronto. Pero sobre todo, ojalá se haga el esfuerzo de poner ese granito de arena que podemos poner todos.

Una UCI colapsada es un hospital colapsado, no nos olvidemos.

Muchos consiguieron ganar la lucha, quién sabe con qué repercusiones a largo plazo, pero otros muchos no tuvieron tanta suerte. La cantidad de vidas que hemos perdido este año, por todas ellas y por la gente que sigue en el campo de batalla.

 

 

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